Extraña la pelea entre algunos líderes de la Concertación sobre quién es más progresista o de izquierda. Los datos son brutales: a pocos les importa ese debate. Menos si alguien es más o menos “reaccionario”. Es sólo vieja retórica de la vieja política. Y más extraño aún que alguien crea que puede recuperar la audiencia por la pelea del adjetivo. Es la vieja sobrevaloración del debate por los medios como herramienta de seducción y un mal diagnostico de los intereses de los votantes actuales. Hace tiempo que la gente no se define así misma como parte de un u otro sector.
Tres cosas fueron puestas en agenda los últimos meses: La necesidad de renovación, la exigencia de eficiencia y la credibilidad de los políticos. Para una coalición que estaba acostumbrada a la superioridad ética de sus causas y el respaldo por la jerarquía de sus líderes, fue un cambio de paradigma. Antes la simple defensa de los valores de la democracia y la justicia eran suficientes, ciudadanos más complejos y con exigencias más altas la pusieron en jaque.
El dilema es que algunos creen que basta con recuperar las viejas banderas. Y siguen haciendo líneas en el mar. Construyen desde la lógica del miedo y el trauma. Siguen atrapados en la mentalidad de la Guerra Fría, jugando a los buenos y los malos. Piñera en el intertanto se mueve al centro y utiliza las banderas demócraticas, ergo deja de ser atractivo hablar desde una pseudo superioridad ética de la Concertación. Ahora hay que probarla. Ese es el pecado de muchos. Creer que con sólo apuntar con el dedo al del frente y acusarlo de reaccionario, antidemocrata o autoritario es suficiente.
El ejercicio de la Concertación en los 90 fue construir un relato, pero sobre todo la capacidad de abdicar posiciones de uno y otro lado para llegar a acuerdos. Había diferencias muchos más de fondo entre Almeyda y Aylwin en los 80, que las actuales entre la DC y Ominami-Girardi. Pero estaban dispuestos a llegar a acuerdo en los contenidos y la estrategia. E invitar a que más se sumaran a la causa.
Hoy hay que construir nuevamente credibilidad. O como escribió Cristóbal Bellolio hace algunos días, descubrir en una Coalición que lucho por los NO, cuales son los SI en está época. Renovar los pactos y los contenidos. Pactar por el concurso y la exigencia. Ponerse de acuerdo en los contenidos. No reaccionar como histéricos a la crítica. Ser nuevamente atractivos. Y en esto no existen dogmas, ni derechos pre-adquiridos. Sólo una cosa clara: si seguimos hablando de reaccionarios y progresistas no hay futuro. Y Si seguimos pactando entre los mismos, sobre lo mismo; ni siquiera hay presente.
Por eso es necesario renovarnos hasta los huesos. Y volver a seducir. O como dijo un amigo que no voto por nosotros en la última elección:
“lograr que la Concertación vuelva a ser sexy…”
viernes, 28 de mayo de 2010
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