miércoles, 3 de diciembre de 2008

El Chile 2020



Sebastián Iglesias R.


Probablemente Chile el 2020 tenga alrededor de 19 millones de habitantes. Cerca del 15% de la población será de la tercera edad. Habrá al menos cuatro centros urbanos importantes que concentraran más del 70% de la población, juntándose las grandes ciudades (Sgto.-Valparaíso-Viña; Puerto Montt- Puerto Varas; Concepción- Talcahuano; La Serena- Coquimbo). Las expectativas de vida habrán aumentado en cerca de tres años y tendremos un PIB per capita que oscilará entre los 18 y 25 mil dólares. La cobertura de la educación media superará el 90% y casi desaparecerá el analfabetismo. Probablemente se habrá masificado el acceso a Internet así como a otros bienes como automóviles y electrodomésticos. La mujer se habrá incorporado a plenitud a la fuerza laboral y cada día ocupará más espacios de poder. La tecnología masificará aún más el acceso a la información y al conocimiento, y hará más veloz el ritmo de las comunicaciones. Existirán olas migratorias más fuertes y la globalización hará más uniformes las manifestaciones culturales a la vez que consolidará ciertos tipos de identidades locales.

Por otra parte, sino hacemos nada, probablemente la desigualdad se mantenga e incluso aumente. La delincuencia se transforme en un eje de poder social y en una especie de movimiento urbano. El aumento explosivo de los centros urbanos conllevara más segregación urbana y hará a las grandes ciudades lugares menos amables para vivir. Habrá más de 7 millones de personas que no participan en las elecciones sino se modifica la actual ley electoral. Cada día existirán más grupos familiares monoparentales o personas solas viviendo en las ciudades. La defensa de los espacios de privacidad será muchos más difícil, todos tendremos acceso a la información de todos y la protección de la intimidad resultará clave. Se debilita la confianza entre las personas. Surge una clase media de cristal. El Estado será cada vez sea más relevante para definir las reglas del mercado y suplir las prestaciones sociales básicas. La tecnología y el acceso a la información cambian todo a una velocidad sorprendente, los espacios de libertad se modifican, la sociedad se seculariza, surgen nuevos dilemas éticos y se reconceptualizan los derechos.

En definitiva los espacios de certeza sobre el futuro serán reducidos y crecerán los espacios de incertidumbre. La política y los partidos políticos navegaran entre la realidad del corto presente y el inmovilismo ante el incierto futuro.

Nuestros anclajes

Navegaremos entre aguas turbulentas. Avanzamos rápido sin tener claro hacia donde. Resulta evidente que hay ciertos datos inmutables del Chile del 2020 que debemos reconocer, sin embargo el futuro se definirá por el proyecto de país que tengamos de aquí a veinte años. El futuro jugará su capacidad de ser real en la medida que debatamos en el presente, sus dimensiones. La ausencia de una definición de país nos anclará en el letargo de un incierto futuro en el que somos tragados por los fenómenos mundiales e incapaces de enfrentar nuestras deficiencias.

La política entonces, se desenvolverá entre aquellos que tienen un proyecto de país y la voluntad de modificar los anclajes del presente contra aquellos que sólo se dedican a administrar la realidad.

El Chile del 2020 dependerá de la capacidad que tengamos de modificar los ejes en que fluctúa nuestra historia y cambiar los centros de poder, es decir: nuestra capacidad disminuir la desigualdad social, nuestra capacidad de mejorar la calidad de la educación sin disminuir la creciente cobertura, nuestra capacidad de mejorar la calidad de vida de los chilenos y nuestra capacidad de modernizar el Estado y renovar la democracia.


Nuestros desafíos

La esperanza es que Chile tenga una clase política conductora del futuro. El debate intelectual y político será dominado por aquellos que tengan la habilidad de torcer la historia y responder de frente a las incertidumbres venideras. Una nueva generación en política, un nuevo estilo y un nuevo liderazgo, requiere construir un relato que trate al menos de resolver algunas de las siguientes interrogantes.

- La capacidad de generar ideas propias en un mundo globalizado o al menos de armonizar las foráneas con nuestra historia republicana. Es inconcebible un país que no es capaz de definirse ni tener una identidad histórica. ¿Cuál es nuestro sueño de país? y en que tipo de país queremos vivir? son las preguntas básicas de un nuevo país que vive en democracia y se enfrenta al futuro. La educación a través del método y el acceso al conocimiento son las herramientas esenciales en este desarrollo.

- La organización política e institucional que nos queremos dar: hasta ahora nuestro modelo institucional así como nuestro sistema político son sólo una pesada herencia de los conflictos del pasado. El nivel de desafección con la democracia, con la política y con el Estado son preocupantes en un país que busca dar un salto al desarrollo. No es imaginable el Chile 2020 con la actual clase política y sin la participación de los jóvenes. No es imaginable el Chile 2020 con un parlamento inocuo y un Estado ineficaz. No es concebible un Chile 2020 que no tiene un a respuesta frente a los nuevas formas de Estado y justicia globales.

- La cantidad de desequilibrios sociales y económicos que estamos dispuestos a tolerar: Cuán dispar queremos que sea nuestra sociedad, a cuantos queremos que llegue el desarrollo y de que forma es la pregunta básica del Chile 2020. ¿Es tolerable para un país maduro aceptar los niveles actuales de desequilibrio entre barrios, regiones, colegios o acceso a la salud? ¿Es deseable para una sociedad madura los niveles actuales de concentración de la riqueza? Cuanto de ello estamos dispuestos de soportar? ¿Cuanto de esto queremos modificar aún a riesgo de disminuir el crecimiento o perder las cuotas actuales de poder que detentamos? No es concebible un país armónico sin niveles mínimos de igualdad y sin sustentabilidad social.

- La fuerza de nuestra economía y sus relaciones de interdependencia: ¿Seremos capaces de seguir diversificando nuestro modelo exportador? ¿Podremos alcanzar el desarrollo? Seremos capaces de evitar la concentración económica y alcanzar los niveles de crecimiento deseables? Podremos crecer a un 5% promedio de aquí al 2020? Nada de esto es concebible sin asignar al Estado una responsabilidad primordial en regular el buen funcionamiento del mercado, corregir fallas del mismo así como de asegurar la libre competencia. Es imposible si a la vez no tenemos particulares capaces de emprender e innovar con modelos de desarrollo empresarial sostenibles.

- La postura ante los nuevos dilemas éticos: la fragmentación de la familia, la secularización de la sociedad, la biotecnología y la cultura de tribus urbanas, la fragmentación de la familia y la desafección a los valores comunitarios. El Chile del 2020 requiere resolver de frente a su acervo cultural judeo cristiano, el tipo de país que queremos construir y los valores que serán eje de su desarrollo social.


Nuestras ideas para avanzar: 7 propuestas para el sueño de Chile.


- Una política de Estado más que una política de Gobierno: Un gran acuerdo nacional sobre el Chile que queremos el 2020. Un compromiso por nuevas Leyes Orgánicas Constitucionales que garanticen este acuerdo.

- Un nuevo Estado: Un Estado Social de Derecho, con capacidad de ejercer un eficiente rol regulador y protector de derechos sociales y económicos. Un Estado eficiente meritocratico y con verdadera evaluación del desempeño de todos los funcionarios. Reducción del número de ministerios y fortalecimiento del rol de los servicios públicos fiscalizadores. Un compromiso por una reingeniería estatal completa, modificación del estatuto administrativo y reorganización de ministerios.

- El foco en los valores: equidad y solidaridad. Protección de la familia y de la privacidad del hogar. Fortalecimiento de las redes sociales y comunitarias. El foco en los nuevos tribunales de familia y en la protección legal de la familia y el hogar. Ciudades Vivibles: Creación de los Gobiernos Metropolitanos con facultades que les permitan hacer planeamiento urbano de las grandes ciudades y el manejo del transporte público y tarificación vial. Políticas de seguridad ciudadana efectivas teniendo la capacidad de conciliar rehabilitación con sanción real.

- Nueva distribución del poder: Sistema semipresidencial y descentralización real. Una ciudad, un Gobierno. Más poder al Parlamento y a los municipios a la vez que más control –accountability- en el ejercicio de sus funciones. Inscripción automática y una nueva LOC de votaciones populares. Apertura de la señal radial y TV digital que permita la masificación de la información. Acceso público y gratuito a los espacios de poder, límite al gasto electoral y financiamiento público las campañas. Fomento a la inmigración regional y al crecimiento de nuevos polos urbanos. Elección directa de los intendentes e impuestos y presupuestos descentralizados.

- Educación de Calidad, Educación Nacional Pública Gratuita: la única posibilidad de dar un salto cualitativo como país es mejorar la calidad de educación. Evaluación y movilidad docente. Evaluación y acreditación de Universidades y carreras. Planes nacionales de educación. Un proyecto educativo de país como el que tuvimos el siglo XIX que sea capaz de generar profesionales y técnicos den acuerdo a las necesidades del país. Un gran acuerdo nacional por potenciar la educación pública y por la acreditación de toda la educación universitaria.

- Una economía volcada al crecimiento, pero comprometida con la equidad: un compromiso nacional por sostener las tasas de crecimiento promedio al 5% hasta el 2020 y de diversificar nuestra estructura productiva, potenciando actividades económicas como el turismo y las industrias de agroalimentos, servicios mineros, servicios globales, la actividad acuícola entre otras. Un gran acuerdo nacional que permita comprometernos en disminuir al menos un tercio la actual distribución del ingreso.

- Una cultura del amor, una civilización de la felicidad: finalmente nos parece que el norte del Chile que soñamos para el 2020, tiene mucho más que ver con el nivel de satisfacción de la gente con la vida y su entorno, que con la macro política. El deber ser del Estado y de la Política es perseguir la felicidad de Chile y su gente, de volver la mirada a la familia y el hogar como la principal herramienta de apoyo, afecto y desarrollo de las personas y de transformar a los barrios en lugares de encuentro. El Chile 2020 es multigeneracional, y por lo tanto debe ser capaz de incorporar en su seno a una tercera edad activa y a una juventud entusiasta, debe ser capaz de abrir los espacios de participación, de dialogo intergeneracional y no seguir atraparse en un mundo adulto - céntrico. Debe amparar a las personas y no dejarlas en la indefensión cuando fallan o fracasas. Debe sobre todo volcarse a las personas y a las familias; siendo la política y el Estado motor de búsqueda de bien común y herramienta promotora de una ciudadanía feliz.