viernes, 2 de julio de 2010

Conflictos de Interés, el alambre de púa entre Mayne Nicholls y Sebastián Piñera

Hace dos meses recuerdo haber enfrentado una acalorada discusión sobre conflictos de interés. En ella un viejo amigo –colocolino-, intentaba enrostrarme mi falta de imparcialidad para juzgar a la dupla Ruiz Tagle- Piñera y la mantención de la propiedad de sus acciones de Colo-Colo. Para él era una oportunidad para el club y no veía donde podían encontrarse los intereses del Gobierno con el equipo de sus amores.

Creo que no erré en mi juicio. Mi amigo lo reconoció hace unos días, cuando observaba perplejo la disputa entre Piñera y Harold Mayne-Nicholls por la invitación a La Moneda post mundial. Anonadado y como noble hincha del fútbol, no le gustaba la actitud del Presidente de la ANFP. El creía que los jugadores merecían una recepción palaciega. Lo bueno es que se daba cuenta que este hecho se empañaba razones muy distintas a las futboleras.

Ese día trate de explicarle a mi amigo que los problemas de los conflictos de interés es que vician las relaciones. Sus efectos son tenues o evidentes, pero siempre nefastos. Se pierde la lógica relación gobierno- privado y se transforma en una relación entre pares, máxime si hay negocios entre ellos. Las relaciones entonces adquieren un cariz subjetivo y la evaluación del impacto de las decisiones públicas adquiere un marcado carácter personal que entra en conflicto con el interés público que se aspira a defender. No necesariamente está ligado corrupción. Pero puede ser mucho más dañino cuando se transforma en privilegio o marcada animadversión frente a un privado. El mínimo ético es la imparcialidad de la autoridad pública. Dañar en ese grado de confianza provoca la perdida de respeto. Eso es lo que demuestran Bielsa y Mayne Nicholls, simplemente perdida de confianza y respeto. El drama es que su origen está en el mismo Gobierno. Es posible que sólo los santos o los muertos no tienen conflictos de interés, pero esperamos harto más que ese mínimo ético de nuestros gobiernos. La excusa de dicha frase esconde una ética valida para un comerciante, pero no para quién detenta el poder público. El mínimo es que no tengan intereses económicos –como ocurre en este caso. Nosotros esperamos virtudes públicas y no pecados ciudadanos, y ante todo, el máximo de imparcialidad posible.

Mayne Nicholls sólo refleja la voz de quienes nos rebelamos ante estos conflictos. Con el desgaste de quién sólo le queda la pataleta. Con el reclamo de quienes no tenemos otra forma de decir: “ya no confío, en este plano actúas como un par mío”. Me imagino la misma sensación de quienes hoy son regulados por quién antes era su asociado o su competencia. O de aquel que vive en un edificio dañado cuyo constructor es ahora es el Intendente. Probablemente reaccionaría igual ante una invitación de algunos de ellos y su perdida de confianza en el poder y nivel de indefensión es aún mayor.

En democracia pensar que el Subsecretario de Deportes y/o el Presidente de la República estén pendientes de que pasa en la elección de la ANFP o que se jueguen algunos pesos personales en ello, es casi un absurdo: lo raro es que eso puede suceder con nuestro actual Gobierno. Esto se puede extrapolar a otras áreas como concesiones de OOPP o TV. No me extrañaría ver entonces en otras áreas igual reacción.
Más allá de la pasión del hincha por ver a nuestros jugadores entrar orgullosos a La Moneda, no puede haber otro interés involucrado en está elección. El problema es que en está visita a La Moneda se jugaba poca pasión y demasiados negocios en la relación.

viernes, 28 de mayo de 2010

¿Progresistas o reaccionarios?

Extraña la pelea entre algunos líderes de la Concertación sobre quién es más progresista o de izquierda. Los datos son brutales: a pocos les importa ese debate. Menos si alguien es más o menos “reaccionario”. Es sólo vieja retórica de la vieja política. Y más extraño aún que alguien crea que puede recuperar la audiencia por la pelea del adjetivo. Es la vieja sobrevaloración del debate por los medios como herramienta de seducción y un mal diagnostico de los intereses de los votantes actuales. Hace tiempo que la gente no se define así misma como parte de un u otro sector.

Tres cosas fueron puestas en agenda los últimos meses: La necesidad de renovación, la exigencia de eficiencia y la credibilidad de los políticos. Para una coalición que estaba acostumbrada a la superioridad ética de sus causas y el respaldo por la jerarquía de sus líderes, fue un cambio de paradigma. Antes la simple defensa de los valores de la democracia y la justicia eran suficientes, ciudadanos más complejos y con exigencias más altas la pusieron en jaque.

El dilema es que algunos creen que basta con recuperar las viejas banderas. Y siguen haciendo líneas en el mar. Construyen desde la lógica del miedo y el trauma. Siguen atrapados en la mentalidad de la Guerra Fría, jugando a los buenos y los malos. Piñera en el intertanto se mueve al centro y utiliza las banderas demócraticas, ergo deja de ser atractivo hablar desde una pseudo superioridad ética de la Concertación. Ahora hay que probarla. Ese es el pecado de muchos. Creer que con sólo apuntar con el dedo al del frente y acusarlo de reaccionario, antidemocrata o autoritario es suficiente.

El ejercicio de la Concertación en los 90 fue construir un relato, pero sobre todo la capacidad de abdicar posiciones de uno y otro lado para llegar a acuerdos. Había diferencias muchos más de fondo entre Almeyda y Aylwin en los 80, que las actuales entre la DC y Ominami-Girardi. Pero estaban dispuestos a llegar a acuerdo en los contenidos y la estrategia. E invitar a que más se sumaran a la causa.

Hoy hay que construir nuevamente credibilidad. O como escribió Cristóbal Bellolio hace algunos días, descubrir en una Coalición que lucho por los NO, cuales son los SI en está época. Renovar los pactos y los contenidos. Pactar por el concurso y la exigencia. Ponerse de acuerdo en los contenidos. No reaccionar como histéricos a la crítica. Ser nuevamente atractivos. Y en esto no existen dogmas, ni derechos pre-adquiridos. Sólo una cosa clara: si seguimos hablando de reaccionarios y progresistas no hay futuro. Y Si seguimos pactando entre los mismos, sobre lo mismo; ni siquiera hay presente.

Por eso es necesario renovarnos hasta los huesos. Y volver a seducir. O como dijo un amigo que no voto por nosotros en la última elección:
“lograr que la Concertación vuelva a ser sexy…”

viernes, 16 de abril de 2010

Jugando a los sordos


Ayer conocimos la primera encuesta sobre el gobierno de Sebastián Piñera. Al mirar a simple vista los datos son buenos para el Gobierno. Se encuentran en cifras similares a las que obtuvo la Presidenta Bachelet y su equipo los primeros días de Gobierno. Son buenos porque obtiene una aprobación del 52%. Son buenos porque sus mejores rendimientos están entre los 25- 35 años, donde se dispara la aprobación del Gobierno hasta el 64%.Obtiene además una alta aprobación en sectores ABC1, C2 y C3, donde se dispara sobre el 60% la aprobación gubernamental.

La encuesta nos muestra los mismos indicios que ya vimos en la elección. Los resultados son coincidentes con los 155.000 votos que perdió la concertación en las comunas del sector oriente de Santiago. Es coincidente con las personas entre 25-35 años de sectores emergentes que votaron la elección pasada por MEO o Piñera. Miran sin miedo el éxito, son emprendedores y no les gusta el conflicto. No les gustan los conflictos de interés de Piñera (en Adimark la confianza y la credibilidad son sus puntos más débiles), pero respetan su capacidad de trabajo y su discurso sobre la eficiencia. Me aventuro a creer que les gusta el liderazgo amable que representan en la Concertación gente como la Carolina Tohá, Michelle Bachelet, Ricardo Lagos W y Claudio Orrego. No les gustan los liderazgos atrapados en el pasado o en la lógica del blanco y negro o el conflicto. Son los nuevos chilenos que hablan.

En la mayoría de los países en que una coalición pierde el Gobierno, se provoca un profundo derrumbe entre sus liderazgos, se genera un proceso de diagnóstico y se plantea una nueva oferta de futuro para el país de parte de los perdedores. Se ven los resultados de la elección y se miran las encuestas posteriores. Se cambia el rumbo y se afina el discurso hacia los sectores que dejaron de votar.

La Concertación corre el riesgo de hacer un conclave en el que otra vez se habla así misma y no abre sus ventanas. Como dijo Sergio España hace unos días, un conclave con-clave: en el que hablan y asisten los mismos de siempre y es tema tabú el diagnostico de las causas de la derrota. Mientras tanto, se corre el riesgo de seguir pareciendo un potpurrí de líderes desorientados, con ganas de criticar y que poco colaboran con el nacimiento de una oposición de verdad. El soliloquio de los actuales Presidentes de la Concertación a está altura pocos lo escuchan, ni a quién va dirigido. Al parecer tampoco saben escuchar.

Varios tenemos la esperanza de que está sea un conclave sin-claves: en que se invite a gente nueva, en que no se le tenga miedo al diagnostico, en que irrumpan los nuevos liderazgos. En el que se escuche lo que nos dijo la elección y las encuestas. El riesgo no es sólo seguir jugando a los sordos, si no escuchar los últimos estertores de una coalición que se nos va.

lunes, 8 de febrero de 2010

Cambio de camisetas


Gobierno y Oposición deberán actuar con astucia en las semanas venideras. En menos de dos meses cambiaran los roles que han desempeñado con comodidad los últimos 20 años. Ya muchos se habían acostumbrado a ser opositores y levantar críticas a los errores ajenos. Otros tantos habían disfrutado el ser gobierno, fijar las pautas y ser el oferente en los acuerdos. Estas semanas de transición son el tiempo de olfatearse y respetarse, pues en las habilidades de unos estarán las debilidades del otro.

El nuevo Gobierno de Piñera enfrenta esta semana decisiones claves. Con la designación del nuevo gabinete se juega parte importante del éxito de su gobierno. El puzzle que debe armar Piñera es bastante complejo, debe conciliar las expectativas de cambio de sus electores, con la representación de una derecha tradicional que no cederá fácilmente sus espacios. La definición del gabinete es tarea primordial, pero riesgosa. Quienes sean sus rostros ministeriales tendrán la tarea titánica de lograr acuerdos con un parlamento en el que serán minoría y por lo tanto su éxito, estará condicionado a las habilidades negociadoras de sus ministros y su posibilidad de ofertar acuerdos satisfactorios para un parlamento hostil. El camino al parecer es lograr una formula intermedia entre técnicos-políticos-jóvenes con experiencia del mundo de la Alianza, que deje satisfecho a sus adherentes, pero que también sea capaz de satisfacer a la futura oposición, de manera de hacer exitoso su gobierno. No existen los gobiernos de unidad nacional sin crisis y veo difícil que alguien de verdad influyente se pase de la vereda de la concertación al gobierno. Por lo tanto, Piñera está obligado a nombrar un gabinete que deje conforme a su alianza, pero debe también satisfacer mínimamente a la nueva oposición. Máxime si dentro de los rostros de su gabinete puede estar el candidato sucesor. La demora en el nombramiento debe responder a estos dilemas: la mirada puesta en la vereda de al frente, en el presente y en la sucesión.

En la vereda de la Concertación hemos contemplado una fuerte discusión respecto al tipo de Oposición que ejercerá. Sin duda los procesos de renovación de los partidos que concluyen en abril serán definitorios en está tarea. No es lo mismo una oposición liderada por Orrego- Tohá, que otra liderada por Escalona-Latorre. Por ahora, el debate está atrapado entre quienes creen que debe existir una oposición “constructiva o de acuerdos” y los que creen que debe ser “dura o destructiva”. Ambas parecen posiciones irreales, pues resultan de condiciones subjetivas y no parte de una estrategia política o una posición ideológica. Primero es necesario tener las ideas para oponerse y después fijar la calidad y cantidad de dicha oposición. Lo que no se debe dudar es de la posición de opositores. Momentáneamente el único camino que le queda a la Concertación es tener la actitud de un opositor expectante. Piñera y sus futuros ministros tienen que ser capaces de levantar una oferta atractiva para llegar a acuerdos y capaz de conciliar las mayorías que necesita para sacar adelante su programa. A la Oposición le toca escuchar y concordar, le toca fijar las condiciones mínimas de acuerdo. Le toca usar su mayoría en el Senado. Le toca evaluar al negociador y darse el gusto de criticar si el mensajero y/o la oferta no son buenos. Por primera vez en 20 años la Concertación tiene el tiempo para reordenarse como una coalición de centro-izquierda y de pensar como critico. Debe volver a debatir ideas y confrontarlas con las del Gobierno. Debe fijar una estructura para tomar acuerdos. Debe tener paciencia para renovarse y sabiduría para oponerse. Su deber es mantenerse expectante y aprovechar el tiempo para construir una oferta de futuro para el país. Y por supuesto ser el mejor fiscalizador de cuanta oferta se hizo en campaña y que ahora al gobierno le toca cumplir.


El nuevo Gobierno y la nueva Oposición están en una etapa de adaptación. La inteligencia con que se acostumbren a sus nuevas camisetas estas semanas marcara el futuro de los próximos cuatro años. Varios miraremos expectantes la capacidad de los actores para desempeñar sus nuevos roles.