viernes, 2 de julio de 2010

Conflictos de Interés, el alambre de púa entre Mayne Nicholls y Sebastián Piñera

Hace dos meses recuerdo haber enfrentado una acalorada discusión sobre conflictos de interés. En ella un viejo amigo –colocolino-, intentaba enrostrarme mi falta de imparcialidad para juzgar a la dupla Ruiz Tagle- Piñera y la mantención de la propiedad de sus acciones de Colo-Colo. Para él era una oportunidad para el club y no veía donde podían encontrarse los intereses del Gobierno con el equipo de sus amores.

Creo que no erré en mi juicio. Mi amigo lo reconoció hace unos días, cuando observaba perplejo la disputa entre Piñera y Harold Mayne-Nicholls por la invitación a La Moneda post mundial. Anonadado y como noble hincha del fútbol, no le gustaba la actitud del Presidente de la ANFP. El creía que los jugadores merecían una recepción palaciega. Lo bueno es que se daba cuenta que este hecho se empañaba razones muy distintas a las futboleras.

Ese día trate de explicarle a mi amigo que los problemas de los conflictos de interés es que vician las relaciones. Sus efectos son tenues o evidentes, pero siempre nefastos. Se pierde la lógica relación gobierno- privado y se transforma en una relación entre pares, máxime si hay negocios entre ellos. Las relaciones entonces adquieren un cariz subjetivo y la evaluación del impacto de las decisiones públicas adquiere un marcado carácter personal que entra en conflicto con el interés público que se aspira a defender. No necesariamente está ligado corrupción. Pero puede ser mucho más dañino cuando se transforma en privilegio o marcada animadversión frente a un privado. El mínimo ético es la imparcialidad de la autoridad pública. Dañar en ese grado de confianza provoca la perdida de respeto. Eso es lo que demuestran Bielsa y Mayne Nicholls, simplemente perdida de confianza y respeto. El drama es que su origen está en el mismo Gobierno. Es posible que sólo los santos o los muertos no tienen conflictos de interés, pero esperamos harto más que ese mínimo ético de nuestros gobiernos. La excusa de dicha frase esconde una ética valida para un comerciante, pero no para quién detenta el poder público. El mínimo es que no tengan intereses económicos –como ocurre en este caso. Nosotros esperamos virtudes públicas y no pecados ciudadanos, y ante todo, el máximo de imparcialidad posible.

Mayne Nicholls sólo refleja la voz de quienes nos rebelamos ante estos conflictos. Con el desgaste de quién sólo le queda la pataleta. Con el reclamo de quienes no tenemos otra forma de decir: “ya no confío, en este plano actúas como un par mío”. Me imagino la misma sensación de quienes hoy son regulados por quién antes era su asociado o su competencia. O de aquel que vive en un edificio dañado cuyo constructor es ahora es el Intendente. Probablemente reaccionaría igual ante una invitación de algunos de ellos y su perdida de confianza en el poder y nivel de indefensión es aún mayor.

En democracia pensar que el Subsecretario de Deportes y/o el Presidente de la República estén pendientes de que pasa en la elección de la ANFP o que se jueguen algunos pesos personales en ello, es casi un absurdo: lo raro es que eso puede suceder con nuestro actual Gobierno. Esto se puede extrapolar a otras áreas como concesiones de OOPP o TV. No me extrañaría ver entonces en otras áreas igual reacción.
Más allá de la pasión del hincha por ver a nuestros jugadores entrar orgullosos a La Moneda, no puede haber otro interés involucrado en está elección. El problema es que en está visita a La Moneda se jugaba poca pasión y demasiados negocios en la relación.

viernes, 28 de mayo de 2010

¿Progresistas o reaccionarios?

Extraña la pelea entre algunos líderes de la Concertación sobre quién es más progresista o de izquierda. Los datos son brutales: a pocos les importa ese debate. Menos si alguien es más o menos “reaccionario”. Es sólo vieja retórica de la vieja política. Y más extraño aún que alguien crea que puede recuperar la audiencia por la pelea del adjetivo. Es la vieja sobrevaloración del debate por los medios como herramienta de seducción y un mal diagnostico de los intereses de los votantes actuales. Hace tiempo que la gente no se define así misma como parte de un u otro sector.

Tres cosas fueron puestas en agenda los últimos meses: La necesidad de renovación, la exigencia de eficiencia y la credibilidad de los políticos. Para una coalición que estaba acostumbrada a la superioridad ética de sus causas y el respaldo por la jerarquía de sus líderes, fue un cambio de paradigma. Antes la simple defensa de los valores de la democracia y la justicia eran suficientes, ciudadanos más complejos y con exigencias más altas la pusieron en jaque.

El dilema es que algunos creen que basta con recuperar las viejas banderas. Y siguen haciendo líneas en el mar. Construyen desde la lógica del miedo y el trauma. Siguen atrapados en la mentalidad de la Guerra Fría, jugando a los buenos y los malos. Piñera en el intertanto se mueve al centro y utiliza las banderas demócraticas, ergo deja de ser atractivo hablar desde una pseudo superioridad ética de la Concertación. Ahora hay que probarla. Ese es el pecado de muchos. Creer que con sólo apuntar con el dedo al del frente y acusarlo de reaccionario, antidemocrata o autoritario es suficiente.

El ejercicio de la Concertación en los 90 fue construir un relato, pero sobre todo la capacidad de abdicar posiciones de uno y otro lado para llegar a acuerdos. Había diferencias muchos más de fondo entre Almeyda y Aylwin en los 80, que las actuales entre la DC y Ominami-Girardi. Pero estaban dispuestos a llegar a acuerdo en los contenidos y la estrategia. E invitar a que más se sumaran a la causa.

Hoy hay que construir nuevamente credibilidad. O como escribió Cristóbal Bellolio hace algunos días, descubrir en una Coalición que lucho por los NO, cuales son los SI en está época. Renovar los pactos y los contenidos. Pactar por el concurso y la exigencia. Ponerse de acuerdo en los contenidos. No reaccionar como histéricos a la crítica. Ser nuevamente atractivos. Y en esto no existen dogmas, ni derechos pre-adquiridos. Sólo una cosa clara: si seguimos hablando de reaccionarios y progresistas no hay futuro. Y Si seguimos pactando entre los mismos, sobre lo mismo; ni siquiera hay presente.

Por eso es necesario renovarnos hasta los huesos. Y volver a seducir. O como dijo un amigo que no voto por nosotros en la última elección:
“lograr que la Concertación vuelva a ser sexy…”

viernes, 16 de abril de 2010

Jugando a los sordos


Ayer conocimos la primera encuesta sobre el gobierno de Sebastián Piñera. Al mirar a simple vista los datos son buenos para el Gobierno. Se encuentran en cifras similares a las que obtuvo la Presidenta Bachelet y su equipo los primeros días de Gobierno. Son buenos porque obtiene una aprobación del 52%. Son buenos porque sus mejores rendimientos están entre los 25- 35 años, donde se dispara la aprobación del Gobierno hasta el 64%.Obtiene además una alta aprobación en sectores ABC1, C2 y C3, donde se dispara sobre el 60% la aprobación gubernamental.

La encuesta nos muestra los mismos indicios que ya vimos en la elección. Los resultados son coincidentes con los 155.000 votos que perdió la concertación en las comunas del sector oriente de Santiago. Es coincidente con las personas entre 25-35 años de sectores emergentes que votaron la elección pasada por MEO o Piñera. Miran sin miedo el éxito, son emprendedores y no les gusta el conflicto. No les gustan los conflictos de interés de Piñera (en Adimark la confianza y la credibilidad son sus puntos más débiles), pero respetan su capacidad de trabajo y su discurso sobre la eficiencia. Me aventuro a creer que les gusta el liderazgo amable que representan en la Concertación gente como la Carolina Tohá, Michelle Bachelet, Ricardo Lagos W y Claudio Orrego. No les gustan los liderazgos atrapados en el pasado o en la lógica del blanco y negro o el conflicto. Son los nuevos chilenos que hablan.

En la mayoría de los países en que una coalición pierde el Gobierno, se provoca un profundo derrumbe entre sus liderazgos, se genera un proceso de diagnóstico y se plantea una nueva oferta de futuro para el país de parte de los perdedores. Se ven los resultados de la elección y se miran las encuestas posteriores. Se cambia el rumbo y se afina el discurso hacia los sectores que dejaron de votar.

La Concertación corre el riesgo de hacer un conclave en el que otra vez se habla así misma y no abre sus ventanas. Como dijo Sergio España hace unos días, un conclave con-clave: en el que hablan y asisten los mismos de siempre y es tema tabú el diagnostico de las causas de la derrota. Mientras tanto, se corre el riesgo de seguir pareciendo un potpurrí de líderes desorientados, con ganas de criticar y que poco colaboran con el nacimiento de una oposición de verdad. El soliloquio de los actuales Presidentes de la Concertación a está altura pocos lo escuchan, ni a quién va dirigido. Al parecer tampoco saben escuchar.

Varios tenemos la esperanza de que está sea un conclave sin-claves: en que se invite a gente nueva, en que no se le tenga miedo al diagnostico, en que irrumpan los nuevos liderazgos. En el que se escuche lo que nos dijo la elección y las encuestas. El riesgo no es sólo seguir jugando a los sordos, si no escuchar los últimos estertores de una coalición que se nos va.

lunes, 8 de febrero de 2010

Cambio de camisetas


Gobierno y Oposición deberán actuar con astucia en las semanas venideras. En menos de dos meses cambiaran los roles que han desempeñado con comodidad los últimos 20 años. Ya muchos se habían acostumbrado a ser opositores y levantar críticas a los errores ajenos. Otros tantos habían disfrutado el ser gobierno, fijar las pautas y ser el oferente en los acuerdos. Estas semanas de transición son el tiempo de olfatearse y respetarse, pues en las habilidades de unos estarán las debilidades del otro.

El nuevo Gobierno de Piñera enfrenta esta semana decisiones claves. Con la designación del nuevo gabinete se juega parte importante del éxito de su gobierno. El puzzle que debe armar Piñera es bastante complejo, debe conciliar las expectativas de cambio de sus electores, con la representación de una derecha tradicional que no cederá fácilmente sus espacios. La definición del gabinete es tarea primordial, pero riesgosa. Quienes sean sus rostros ministeriales tendrán la tarea titánica de lograr acuerdos con un parlamento en el que serán minoría y por lo tanto su éxito, estará condicionado a las habilidades negociadoras de sus ministros y su posibilidad de ofertar acuerdos satisfactorios para un parlamento hostil. El camino al parecer es lograr una formula intermedia entre técnicos-políticos-jóvenes con experiencia del mundo de la Alianza, que deje satisfecho a sus adherentes, pero que también sea capaz de satisfacer a la futura oposición, de manera de hacer exitoso su gobierno. No existen los gobiernos de unidad nacional sin crisis y veo difícil que alguien de verdad influyente se pase de la vereda de la concertación al gobierno. Por lo tanto, Piñera está obligado a nombrar un gabinete que deje conforme a su alianza, pero debe también satisfacer mínimamente a la nueva oposición. Máxime si dentro de los rostros de su gabinete puede estar el candidato sucesor. La demora en el nombramiento debe responder a estos dilemas: la mirada puesta en la vereda de al frente, en el presente y en la sucesión.

En la vereda de la Concertación hemos contemplado una fuerte discusión respecto al tipo de Oposición que ejercerá. Sin duda los procesos de renovación de los partidos que concluyen en abril serán definitorios en está tarea. No es lo mismo una oposición liderada por Orrego- Tohá, que otra liderada por Escalona-Latorre. Por ahora, el debate está atrapado entre quienes creen que debe existir una oposición “constructiva o de acuerdos” y los que creen que debe ser “dura o destructiva”. Ambas parecen posiciones irreales, pues resultan de condiciones subjetivas y no parte de una estrategia política o una posición ideológica. Primero es necesario tener las ideas para oponerse y después fijar la calidad y cantidad de dicha oposición. Lo que no se debe dudar es de la posición de opositores. Momentáneamente el único camino que le queda a la Concertación es tener la actitud de un opositor expectante. Piñera y sus futuros ministros tienen que ser capaces de levantar una oferta atractiva para llegar a acuerdos y capaz de conciliar las mayorías que necesita para sacar adelante su programa. A la Oposición le toca escuchar y concordar, le toca fijar las condiciones mínimas de acuerdo. Le toca usar su mayoría en el Senado. Le toca evaluar al negociador y darse el gusto de criticar si el mensajero y/o la oferta no son buenos. Por primera vez en 20 años la Concertación tiene el tiempo para reordenarse como una coalición de centro-izquierda y de pensar como critico. Debe volver a debatir ideas y confrontarlas con las del Gobierno. Debe fijar una estructura para tomar acuerdos. Debe tener paciencia para renovarse y sabiduría para oponerse. Su deber es mantenerse expectante y aprovechar el tiempo para construir una oferta de futuro para el país. Y por supuesto ser el mejor fiscalizador de cuanta oferta se hizo en campaña y que ahora al gobierno le toca cumplir.


El nuevo Gobierno y la nueva Oposición están en una etapa de adaptación. La inteligencia con que se acostumbren a sus nuevas camisetas estas semanas marcara el futuro de los próximos cuatro años. Varios miraremos expectantes la capacidad de los actores para desempeñar sus nuevos roles.

martes, 28 de abril de 2009

Tan lejos estamos de una buena democracia?

Tan Lejos, Tan Cerca

Hace pocos días se promulgo la Reforma constitucional que consagra un sistema electoral con inscripción automática y voto voluntario. Su incorporación constitucional es un triunfo simbólico para muchos que creemos que nuestra democracia y la política requieren urgente abrir sus ventanas y oxigenarse con gente nueva e ideas innovadoras. Incorporar a tres millones nuevos electores obliga la política a ser creativa, atractiva y convocante para aquellos a quienes quiere invitar a votar. Un modelo que mejora los incentivos para concurrir a votar, que no excluye a nadie de la posibilidad de elegir y que obliga a todos a ser competitivos es el modelo de democracia que soñamos para una sociedad moderna. Está reforma constitucional nos acerca un pequeño paso en este objetivo. Votar libre, es poder optar por quién queremos votar o no votar e incluso decidir cuando queremos votar. Votar libre es obligar a que la política vuelva a representarnos más allá de nuestra edad, más allá de lo que las opciones existentes. Votar libre es tener una democracia en que todos compiten por tener la mejor oferta de futuro para Chile y sus habitantes.

Hace algunos días ingreso la ley Orgánica (con urgencia simple) que establece los procedimientos para hacer realidad la inscripción automática y voto voluntario. Establece mecanismos bastante asertivos para establecer un sistema de inscripción transparente y confiable: los nuevos electores se incorporaran en el último domicilio consignado ante el registro civil, se abre un plazo para modificar este domicilio, se establecen mesas mixtas y se establece un buen sistema de publicidad y reclamación de este proceso. Además se crea un eficiente sistema de control a través del las juntas de actualización y auditorias externas para el funcionamiento del sistema.

Lamentablemente todo indica que estas modificaciones no estarán vigentes el corto plazo. Las dudas de algunos, mas la desconfianza, calculos y parsimonia de muchos ha hecho casi imposible que este sistema (IAVV) se aplique para la elección parlamentaría-presidencial de este año. Todo indica que los plazos no dan, ni están en el horizonte de los incumbentes de la próxima elección apurarlos. Nosotros no perdemos la esperanza ni dejamos de tratar de convencer a todos de que está es una tremenda oportunidad para la sanidad de nuestra democracia. No debemos perder el sentido de la urgencia.

Sin embargo la elección la próxima elección se acerca a pasos agigantados y nos asusta pensar que otra vez tres millones de personas serán actores de reparto de ella. Debemos desde ahora movilizar todas nuestras voluntades para que el mayor número de chilenos se inscriba para la próxima elección y dar el primer paso para hacer más competitivo el sistema. El gobierno envío un proyecto de ley que facilita la inscripción en los registros electorales. Hacemos un llamado a todos para que se apruebe a la brevedad.
El mensaje para todos debe ser claro. Nuestra constitución ya consagra la inscripción automática Voto voluntario en sus artículos. Si somos consecuentes y entendemos su real relevancia debemos volcar nuestras fuerzas a engrosar nuestro padrón electoral desde está elección. En está campaña no deben existir mezquindades políticas ni obscenos cálculos personales. Más inscritos es más democracia y mayor representación de los elegidos. Acerquemos los registros a los jóvenes, a sus lugares de encuentro y diseñemos campañas atractivas para convencerlos. El desafío de mejorar la participación y termina con la segregación etárea que marca nuestro padrón es una tarea urgente que empieza ahora. Mejorar nuestra democracia mediante una campaña de inscripción electoral debe transformarse en una misión nacional.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

El Chile 2020



Sebastián Iglesias R.


Probablemente Chile el 2020 tenga alrededor de 19 millones de habitantes. Cerca del 15% de la población será de la tercera edad. Habrá al menos cuatro centros urbanos importantes que concentraran más del 70% de la población, juntándose las grandes ciudades (Sgto.-Valparaíso-Viña; Puerto Montt- Puerto Varas; Concepción- Talcahuano; La Serena- Coquimbo). Las expectativas de vida habrán aumentado en cerca de tres años y tendremos un PIB per capita que oscilará entre los 18 y 25 mil dólares. La cobertura de la educación media superará el 90% y casi desaparecerá el analfabetismo. Probablemente se habrá masificado el acceso a Internet así como a otros bienes como automóviles y electrodomésticos. La mujer se habrá incorporado a plenitud a la fuerza laboral y cada día ocupará más espacios de poder. La tecnología masificará aún más el acceso a la información y al conocimiento, y hará más veloz el ritmo de las comunicaciones. Existirán olas migratorias más fuertes y la globalización hará más uniformes las manifestaciones culturales a la vez que consolidará ciertos tipos de identidades locales.

Por otra parte, sino hacemos nada, probablemente la desigualdad se mantenga e incluso aumente. La delincuencia se transforme en un eje de poder social y en una especie de movimiento urbano. El aumento explosivo de los centros urbanos conllevara más segregación urbana y hará a las grandes ciudades lugares menos amables para vivir. Habrá más de 7 millones de personas que no participan en las elecciones sino se modifica la actual ley electoral. Cada día existirán más grupos familiares monoparentales o personas solas viviendo en las ciudades. La defensa de los espacios de privacidad será muchos más difícil, todos tendremos acceso a la información de todos y la protección de la intimidad resultará clave. Se debilita la confianza entre las personas. Surge una clase media de cristal. El Estado será cada vez sea más relevante para definir las reglas del mercado y suplir las prestaciones sociales básicas. La tecnología y el acceso a la información cambian todo a una velocidad sorprendente, los espacios de libertad se modifican, la sociedad se seculariza, surgen nuevos dilemas éticos y se reconceptualizan los derechos.

En definitiva los espacios de certeza sobre el futuro serán reducidos y crecerán los espacios de incertidumbre. La política y los partidos políticos navegaran entre la realidad del corto presente y el inmovilismo ante el incierto futuro.

Nuestros anclajes

Navegaremos entre aguas turbulentas. Avanzamos rápido sin tener claro hacia donde. Resulta evidente que hay ciertos datos inmutables del Chile del 2020 que debemos reconocer, sin embargo el futuro se definirá por el proyecto de país que tengamos de aquí a veinte años. El futuro jugará su capacidad de ser real en la medida que debatamos en el presente, sus dimensiones. La ausencia de una definición de país nos anclará en el letargo de un incierto futuro en el que somos tragados por los fenómenos mundiales e incapaces de enfrentar nuestras deficiencias.

La política entonces, se desenvolverá entre aquellos que tienen un proyecto de país y la voluntad de modificar los anclajes del presente contra aquellos que sólo se dedican a administrar la realidad.

El Chile del 2020 dependerá de la capacidad que tengamos de modificar los ejes en que fluctúa nuestra historia y cambiar los centros de poder, es decir: nuestra capacidad disminuir la desigualdad social, nuestra capacidad de mejorar la calidad de la educación sin disminuir la creciente cobertura, nuestra capacidad de mejorar la calidad de vida de los chilenos y nuestra capacidad de modernizar el Estado y renovar la democracia.


Nuestros desafíos

La esperanza es que Chile tenga una clase política conductora del futuro. El debate intelectual y político será dominado por aquellos que tengan la habilidad de torcer la historia y responder de frente a las incertidumbres venideras. Una nueva generación en política, un nuevo estilo y un nuevo liderazgo, requiere construir un relato que trate al menos de resolver algunas de las siguientes interrogantes.

- La capacidad de generar ideas propias en un mundo globalizado o al menos de armonizar las foráneas con nuestra historia republicana. Es inconcebible un país que no es capaz de definirse ni tener una identidad histórica. ¿Cuál es nuestro sueño de país? y en que tipo de país queremos vivir? son las preguntas básicas de un nuevo país que vive en democracia y se enfrenta al futuro. La educación a través del método y el acceso al conocimiento son las herramientas esenciales en este desarrollo.

- La organización política e institucional que nos queremos dar: hasta ahora nuestro modelo institucional así como nuestro sistema político son sólo una pesada herencia de los conflictos del pasado. El nivel de desafección con la democracia, con la política y con el Estado son preocupantes en un país que busca dar un salto al desarrollo. No es imaginable el Chile 2020 con la actual clase política y sin la participación de los jóvenes. No es imaginable el Chile 2020 con un parlamento inocuo y un Estado ineficaz. No es concebible un Chile 2020 que no tiene un a respuesta frente a los nuevas formas de Estado y justicia globales.

- La cantidad de desequilibrios sociales y económicos que estamos dispuestos a tolerar: Cuán dispar queremos que sea nuestra sociedad, a cuantos queremos que llegue el desarrollo y de que forma es la pregunta básica del Chile 2020. ¿Es tolerable para un país maduro aceptar los niveles actuales de desequilibrio entre barrios, regiones, colegios o acceso a la salud? ¿Es deseable para una sociedad madura los niveles actuales de concentración de la riqueza? Cuanto de ello estamos dispuestos de soportar? ¿Cuanto de esto queremos modificar aún a riesgo de disminuir el crecimiento o perder las cuotas actuales de poder que detentamos? No es concebible un país armónico sin niveles mínimos de igualdad y sin sustentabilidad social.

- La fuerza de nuestra economía y sus relaciones de interdependencia: ¿Seremos capaces de seguir diversificando nuestro modelo exportador? ¿Podremos alcanzar el desarrollo? Seremos capaces de evitar la concentración económica y alcanzar los niveles de crecimiento deseables? Podremos crecer a un 5% promedio de aquí al 2020? Nada de esto es concebible sin asignar al Estado una responsabilidad primordial en regular el buen funcionamiento del mercado, corregir fallas del mismo así como de asegurar la libre competencia. Es imposible si a la vez no tenemos particulares capaces de emprender e innovar con modelos de desarrollo empresarial sostenibles.

- La postura ante los nuevos dilemas éticos: la fragmentación de la familia, la secularización de la sociedad, la biotecnología y la cultura de tribus urbanas, la fragmentación de la familia y la desafección a los valores comunitarios. El Chile del 2020 requiere resolver de frente a su acervo cultural judeo cristiano, el tipo de país que queremos construir y los valores que serán eje de su desarrollo social.


Nuestras ideas para avanzar: 7 propuestas para el sueño de Chile.


- Una política de Estado más que una política de Gobierno: Un gran acuerdo nacional sobre el Chile que queremos el 2020. Un compromiso por nuevas Leyes Orgánicas Constitucionales que garanticen este acuerdo.

- Un nuevo Estado: Un Estado Social de Derecho, con capacidad de ejercer un eficiente rol regulador y protector de derechos sociales y económicos. Un Estado eficiente meritocratico y con verdadera evaluación del desempeño de todos los funcionarios. Reducción del número de ministerios y fortalecimiento del rol de los servicios públicos fiscalizadores. Un compromiso por una reingeniería estatal completa, modificación del estatuto administrativo y reorganización de ministerios.

- El foco en los valores: equidad y solidaridad. Protección de la familia y de la privacidad del hogar. Fortalecimiento de las redes sociales y comunitarias. El foco en los nuevos tribunales de familia y en la protección legal de la familia y el hogar. Ciudades Vivibles: Creación de los Gobiernos Metropolitanos con facultades que les permitan hacer planeamiento urbano de las grandes ciudades y el manejo del transporte público y tarificación vial. Políticas de seguridad ciudadana efectivas teniendo la capacidad de conciliar rehabilitación con sanción real.

- Nueva distribución del poder: Sistema semipresidencial y descentralización real. Una ciudad, un Gobierno. Más poder al Parlamento y a los municipios a la vez que más control –accountability- en el ejercicio de sus funciones. Inscripción automática y una nueva LOC de votaciones populares. Apertura de la señal radial y TV digital que permita la masificación de la información. Acceso público y gratuito a los espacios de poder, límite al gasto electoral y financiamiento público las campañas. Fomento a la inmigración regional y al crecimiento de nuevos polos urbanos. Elección directa de los intendentes e impuestos y presupuestos descentralizados.

- Educación de Calidad, Educación Nacional Pública Gratuita: la única posibilidad de dar un salto cualitativo como país es mejorar la calidad de educación. Evaluación y movilidad docente. Evaluación y acreditación de Universidades y carreras. Planes nacionales de educación. Un proyecto educativo de país como el que tuvimos el siglo XIX que sea capaz de generar profesionales y técnicos den acuerdo a las necesidades del país. Un gran acuerdo nacional por potenciar la educación pública y por la acreditación de toda la educación universitaria.

- Una economía volcada al crecimiento, pero comprometida con la equidad: un compromiso nacional por sostener las tasas de crecimiento promedio al 5% hasta el 2020 y de diversificar nuestra estructura productiva, potenciando actividades económicas como el turismo y las industrias de agroalimentos, servicios mineros, servicios globales, la actividad acuícola entre otras. Un gran acuerdo nacional que permita comprometernos en disminuir al menos un tercio la actual distribución del ingreso.

- Una cultura del amor, una civilización de la felicidad: finalmente nos parece que el norte del Chile que soñamos para el 2020, tiene mucho más que ver con el nivel de satisfacción de la gente con la vida y su entorno, que con la macro política. El deber ser del Estado y de la Política es perseguir la felicidad de Chile y su gente, de volver la mirada a la familia y el hogar como la principal herramienta de apoyo, afecto y desarrollo de las personas y de transformar a los barrios en lugares de encuentro. El Chile 2020 es multigeneracional, y por lo tanto debe ser capaz de incorporar en su seno a una tercera edad activa y a una juventud entusiasta, debe ser capaz de abrir los espacios de participación, de dialogo intergeneracional y no seguir atraparse en un mundo adulto - céntrico. Debe amparar a las personas y no dejarlas en la indefensión cuando fallan o fracasas. Debe sobre todo volcarse a las personas y a las familias; siendo la política y el Estado motor de búsqueda de bien común y herramienta promotora de una ciudadanía feliz.