lunes, 8 de febrero de 2010

Cambio de camisetas


Gobierno y Oposición deberán actuar con astucia en las semanas venideras. En menos de dos meses cambiaran los roles que han desempeñado con comodidad los últimos 20 años. Ya muchos se habían acostumbrado a ser opositores y levantar críticas a los errores ajenos. Otros tantos habían disfrutado el ser gobierno, fijar las pautas y ser el oferente en los acuerdos. Estas semanas de transición son el tiempo de olfatearse y respetarse, pues en las habilidades de unos estarán las debilidades del otro.

El nuevo Gobierno de Piñera enfrenta esta semana decisiones claves. Con la designación del nuevo gabinete se juega parte importante del éxito de su gobierno. El puzzle que debe armar Piñera es bastante complejo, debe conciliar las expectativas de cambio de sus electores, con la representación de una derecha tradicional que no cederá fácilmente sus espacios. La definición del gabinete es tarea primordial, pero riesgosa. Quienes sean sus rostros ministeriales tendrán la tarea titánica de lograr acuerdos con un parlamento en el que serán minoría y por lo tanto su éxito, estará condicionado a las habilidades negociadoras de sus ministros y su posibilidad de ofertar acuerdos satisfactorios para un parlamento hostil. El camino al parecer es lograr una formula intermedia entre técnicos-políticos-jóvenes con experiencia del mundo de la Alianza, que deje satisfecho a sus adherentes, pero que también sea capaz de satisfacer a la futura oposición, de manera de hacer exitoso su gobierno. No existen los gobiernos de unidad nacional sin crisis y veo difícil que alguien de verdad influyente se pase de la vereda de la concertación al gobierno. Por lo tanto, Piñera está obligado a nombrar un gabinete que deje conforme a su alianza, pero debe también satisfacer mínimamente a la nueva oposición. Máxime si dentro de los rostros de su gabinete puede estar el candidato sucesor. La demora en el nombramiento debe responder a estos dilemas: la mirada puesta en la vereda de al frente, en el presente y en la sucesión.

En la vereda de la Concertación hemos contemplado una fuerte discusión respecto al tipo de Oposición que ejercerá. Sin duda los procesos de renovación de los partidos que concluyen en abril serán definitorios en está tarea. No es lo mismo una oposición liderada por Orrego- Tohá, que otra liderada por Escalona-Latorre. Por ahora, el debate está atrapado entre quienes creen que debe existir una oposición “constructiva o de acuerdos” y los que creen que debe ser “dura o destructiva”. Ambas parecen posiciones irreales, pues resultan de condiciones subjetivas y no parte de una estrategia política o una posición ideológica. Primero es necesario tener las ideas para oponerse y después fijar la calidad y cantidad de dicha oposición. Lo que no se debe dudar es de la posición de opositores. Momentáneamente el único camino que le queda a la Concertación es tener la actitud de un opositor expectante. Piñera y sus futuros ministros tienen que ser capaces de levantar una oferta atractiva para llegar a acuerdos y capaz de conciliar las mayorías que necesita para sacar adelante su programa. A la Oposición le toca escuchar y concordar, le toca fijar las condiciones mínimas de acuerdo. Le toca usar su mayoría en el Senado. Le toca evaluar al negociador y darse el gusto de criticar si el mensajero y/o la oferta no son buenos. Por primera vez en 20 años la Concertación tiene el tiempo para reordenarse como una coalición de centro-izquierda y de pensar como critico. Debe volver a debatir ideas y confrontarlas con las del Gobierno. Debe fijar una estructura para tomar acuerdos. Debe tener paciencia para renovarse y sabiduría para oponerse. Su deber es mantenerse expectante y aprovechar el tiempo para construir una oferta de futuro para el país. Y por supuesto ser el mejor fiscalizador de cuanta oferta se hizo en campaña y que ahora al gobierno le toca cumplir.


El nuevo Gobierno y la nueva Oposición están en una etapa de adaptación. La inteligencia con que se acostumbren a sus nuevas camisetas estas semanas marcara el futuro de los próximos cuatro años. Varios miraremos expectantes la capacidad de los actores para desempeñar sus nuevos roles.